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Surrealismo
La revolución del inconsciente
Contexto histórico
El término lo acuña Apollinaire en 1917 a propósito del ballet Parade, con decorados de Picasso ("una especie de surrealismo"). Pero el movimiento nace oficialmente con el Primer Manifiesto Surrealista de André Breton en 1924, que lo define como "automatismo psíquico puro con el que se intenta expresar, oralmente o por escrito, la verdadera función del pensamiento; un pensamiento dictado en ausencia de todo control ejercido por la razón y fuera de toda preocupación estética o moral". El movimiento se apoya en el psicoanálisis de Freud y en la idea de un automatismo psíquico más allá del pensamiento racional, equivalente a la inspiración clásica, que trata de plasmar el mundo de los sueños y del subconsciente. Tiene precedentes literarios en Baudelaire o en Alicia en el país de las maravillas, y precedentes pictóricos en El Bosco, Brueghel y Goya.
Características principales
Entre los rasgos característicos del lenguaje surrealista están la animación de lo inanimado, la metamorfosis, el aislamiento de fragmentos anatómicos, las máquinas fantásticas, las perspectivas vacías, la evocación del caos y una fuerte carga erótica. Se distinguen dos grandes tendencias: el surrealismo figurativo (Dalí, Magritte), de realismo formal casi fotográfico aplicado a escenas imposibles, y el surrealismo abstracto (Miró, Klee), de formas orgánicas y biomórficas. Salvador Dalí (1904-1989) desarrolla el método paranoico-crítico para materializar la actividad onírica en el lienzo; sus imágenes —La persistencia de la memoria (1931), El hombre invisible (1930)— funcionan como paradojas que admiten lecturas distintas. Joan Miró desplaza el interés hacia el signo y la mancha, con un vocabulario plástico propio que enlazará más tarde con el Informalismo.
Técnica y lenguaje visual
Picasso mantuvo una relación estrecha —aunque nunca formal— con el grupo surrealista, sobre todo en dos temas: el amor y la crueldad. Esta deriva desemboca en el Guernica (1937), pintado para el pabellón español de la Exposición Universal de París como denuncia del bombardeo de la localidad vasca por la aviación nazi durante la Guerra Civil. Es un cuadro monocromo (349 × 777 cm), de fuerte carga expresiva pese a sus medios depurados: pocos colores, ningún relieve, recurso a la deformación y el desmembramiento para transmitir la brutalidad de la guerra. Se considera el hito final —y a la vez irreductible— de la relación de Picasso con el Surrealismo.
En la cadena de las vanguardias
El Surrealismo comparte con la Pintura Metafísica de Giorgio de Chirico —de hecho, uno de sus antecedentes directos— la idea de que tras la realidad visible existe otro nivel oculto de significado. Mientras el Surrealismo lo busca en el sueño y el inconsciente, la Pintura Metafísica lo busca en el enigma silencioso de los objetos cotidianos descontextualizados.
Infografía del tema
Figuras y obras clave
André Breton (Manifiesto, 1924), Salvador Dalí, Joan Miró. Obra clave: Guernica (1937, Picasso), vinculada al ideario surrealista.